viernes 21 de enero de 2011

Urban Cowboy

Introduzco mi mano en la vagina y arranco su útero.
Sin misericordia.
Ella ríe.
Dispara y la bala me vuela el ojo izquierdo que sale despedido como una pelota de golf.
El techo cae y nos aplasta.
Ella ríe.
La mandíbula, desprendida de su rostro, al borde del enorme trozo de cemento.
Un destello gris con franjas rojas y verdes rompe el horizonte, cuando se acerca escucho con mis orejas abatidas: ¡No teman los rescataré! Lo dice con una sorprendente voz de niño.
El dueño de la ínfima voz levanta el techo y lo lanza hacia la calle triturando a un gato.
Nos levanta, parecemos dos afiches, y nos sacude con fuerza como si fuéramos alfombras.
Recuperamos las formas de nuestro cuerpo.
Le doy las gracias. No era un súper niño sino el superratón. En realidad es pequeño, no sabía que existía. Aprieto su manito, me pregunto si bajo el guante blanco tendrá la piel rosada, cruda, de un ratón.
Por qué ríe, pregunta el minúsculo héroe elevándose sobre mi cabeza. No ríe, es una hiena tiene hambre –le digo- y el ratón desaparece sobre los edificios cercanos.
Necesito hacer una llamada.
El sol está caliente.
Me siento idiota.
Corro escapando del calor. Llego a las cabinas de alquiler.
Cierro la puerta. El calor es un circo y yo soy su payaso.
El sudor me pega las axilas, la espalda. Pesa el calor me pesa. Se envuelve como una bufanda en mi cuello, me hincha las pelotas, me refiero a las amígdalas, siento que me ahogo.
Mal genio. El sol me jode el humor.
Hablo con ella, siento que la amo, en alguna parte de su ausencia, ¡pero el calor, el calor! Dice que me ama, supongo que si, pero no sabe cómo ser ella misma y entregarse. Es difícil creerle. Hiede, esta cabina hiede. Es el calor que empieza a podrirse.
Veo a Tigger ser destripado por Wini The Poo fuera de la cabina mientras, el señor conejo intenta besarse con una mujer negra, pero sus enormes dientes lastiman los labios de la mujer.
Estoy furioso con ella. No está conmigo, no puedo tocarla y el calor es idiota, un calor idiota y estúpido que me seca la garganta y humedece la espalda, que se me echa encima como una vieja en el trolebús. Estoy furioso por el calor, porque prefiere estar lejos y eso es todo. Se me viene a la cabeza la canción: “que calor oeo”, qué ridículo, en estas iras.
Acabo de recordar que no tengo un ojo.
Me despido de ella, creo que peleamos, no lo recuerdo, el calor me atonta, me arrepiento de la discusión, pero ¿como le explico que fue el calor? Mañana le diré que es por su ausencia.
Mi ojo, que asco, pensé que lloraba y es una baba nauseabunda que se derrama de mi cuenca ocular.
Corro hacia la casa destruida.
La hiena ahora es una cucaracha de un metro y medio de largo. Se abre en dos mitades que caminan descompasadas, de su vientre se derraman intestinos, pelotas de fútbol y millones de moscas, cabezas, patas, alas, y grandes gusanos transparentes.
Insoportable. La mitad con el aparato bucal masticador está sobre mi ojo, entre sus patas. Quedo paralizado por el pánico.
Mi ojo.
El asco.
Mi ojo.
Busco algo que me sea útil.
Encuentro un paraguas y con el mango curvo retiro mi ojo.
Vomito cuando lo tengo en mi mano.
Lo pongo en mi córnea.
Vomito de nuevo y se desprende otra vez.
Lo ubico de nuevo, veo borroso.
Ella ríe.
Son sus antenas frotándose.
Llama para aparearse pienso.
El cielo comienza a caerse.
No quiero decir que llueva o caiga la noche.
El cielo se derrumba, el azul se queda sobre los techos altos, apuntalado por los postes de luz, en medio se chorrea como una carpa sin sustento, la gente intenta mantener el cielo con troncos y andamios.
Nadie comprende.
Angustia, ahogo, la sensación de opresión del firmamento es opulenta. En ciertas partes casi llega al piso, lo puedo tocar, es frío y denso.
Hay quien no soporta la claustrofobia y cae al suelo con babeantes convulsiones.
Mientras más bajo el firmamento más oscuro se pone todo.
El alcalde ordena prender las luces de la ciudad, finalmente idean grandes zeppelines que elevan al cielo lo suficiente para tender cordeles entre los edificios y que los automóviles puedan movilizarse. La gente reza a la Meca, al menos eso me parecen todos arrodillados curiosamente en la misma dirección.
Sus ruegos son escuchados.
Unos inconmensurables tentáculos abren el cielo caído, las pegajosas secreciones de sus extremidades cubren el dorso del firmamento y luego lo pegan en el espacio.
La gente da gracias a Dios por el envío de su mascota celestial.
Nadie parece pensar que quizá la mascota es Dios.
Meto las manos en los bolsillos como uno de esos personajes de novelas y camino como narrado por un texto urbano de dudosa poesía.
Sigo la avenida hacia el ocaso como el protagonista de un western, escucho música de vaqueros, si por lo menos tuviera un maldito caballo, la soledad ya la cargo conmigo.

jueves 6 de enero de 2011

Sapito

Había un sapito.
Que feliz vivía.
Sobre la frontera entre la noche y la vereda.
Debajo de un puente.
Sobre la luna queda.
Donde un charco había.
El bailaba con el reflejo de las estrellas.
Turra, turra, turra, turra.
Plas, plas, plas.
Baila sapito que alguien te está mirando.
Ñaqui, ñaqui, ñaqui, ñaqui.
Tlo, tlo, tlo.
Un latido tlo, tlo, tlo, tlo hace tic, tac, tac, tic.
Escondida a la vuelta de la acera.
Plas, plas, ñaqui, turra, ñaqui.
Alguien espía y mira artera.
Bailó el sapito, cansado se estiró sobre el charco.
Con el pecho enchido, tic, tac, tac, tic
Como una encimera que sostiene su pechera.
Su corazón latía, su enorme boca de felpudo.
Susurraba una plegaria, respiraba sesudo.
A Dios le pedía de buena manera
Que le enviara una compañera


Que fuera bonita, que quisiera vivir en la Floresta.
Turra, turra, turra, turra.
Plas, plas, plas.
Una cola verdecita, se movía coquetita.
Ñaqui, ñaqui, ñaqui, ñaqui.
Tlo, tlo, tlo.
Me gusta el sapito bailador.
Una novia Dios le envió, a tan lindo sapo.
Era una ranita que el arrollo trajo.
Turra, turra, turra.
Plas, plas, plas.
Con un verde mirar y un abrazo de charco.
Se quisieron tiernamente.
Ñaqui, ñaqui, ñaqui, ñaqui.
Tlo tlo tlo
El sapito tiene novia.
La ranita se prometió.
Ñaqui, ñaqui, tlo, tlo.
Te quiero ranita de cola coqueta.
Ñaqui, ñaqui, tlo, tlo.
Te quiero sapito, te quiero mi amor.

sábado 28 de agosto de 2010

La narración cosmética


La otra cara de una secretaria es la de cosmetóloga. No es solo una manera de lograr ingresos extras, es todo un régimen de comunicación que adquiere otro sentido en un mundo light: un nuevo sistema de creencias en el que los problemas de adentro se pueden resolver si se arreglan los problemas de afuera, de la piel.


En cualquier edificio donde existan oficinas, cubículos y sistemas administrativos, existe también un subterráneo tráfico de cosmetólogas similar al de los ductos de los modernos sistemas de ventilación, que recorren cada espacio de la edificación pero nos son invisibles.
Encubiertos por elegantes bolsas de papel los productos diseñados para explorar la geografía corporal, sus hendiduras, salientes y ensenadas visibles, se transportan de un piso a otro, de una oficina a otra, sostenidos por las cuidadas manos, los rostros aceitados y relucientes de sus portadoras.
La cosmética hace referencia a una narrativa performativa, del hacer por sobre el ser. Su definición más sencilla relaciona, en primer lugar el producto y luego una acción estética. “Dicho de un producto: Que se utiliza para la higiene o belleza del cuerpo, especialmente del rostro. Arte de aplicar estos productos.” .
La secretaria que utiliza a la cosmetología como su segundo oficio, desarrolla una narrativa que está de camino entre la ciencia y el afecto.
Veamos el caso de una “secre”: 36 años, de carácter dulce y como ella dice, “madre y mujer”. Todos los sábados sigue el curso de cosmetología, “no es fácil verás, mira estos tres librotes que tengo que estudiar”. En el nivel actual el tema son problemas de la piel.
Buscando a quién aplicar sus nuevos conocimientos, descubre un “¡caso evidente!”, se trata de un profesor universitario con un serio problema de acné. De inmediato se pone en funcionamiento la máquina cosmética:
La estrategia: “No puedes decirle oye ve, estás horrible, así que le llamé para hacer una cita y preparar el terreno”
La entrada oblicua: el discurso no puede ser frontal, para no “fregar la susceptibilidad de la gente”: “No te imaginas lo que te voy a decir –lo dice con una sonrisa-: Estoy en un curso de cosmetología y justo estoy viendo casos de acné…”
Ganar confianza: “Primero sentirme segura de mi misma para qué el sienta confianza”. Luego, la táctica: contar una historia en la que el interlocutor se reconozca, “la directora de mi escuela tiene un hijo que tenía un caso de acné imposible. Tuvo que ella misma ponerse a estudiar, (Viajó a otros países. Tiene dinero), porque nadie daba pie con bola. Ahora vele al hijo, le hicieron un levantamiento de la piel y ahora va con terno y administra el lugar. Confío mucho en ella y podría ayudar”.
La explicación: Que debe mostrar conocimiento científico, al mismo tiempo señalar territorios: “El médico trata lo interno, la cosmetología la parte externa”.
Palabras clave: El cliente debe reconocer que “se conoce” y que se lo va a ayudar. El repertorio debe ser apropiado: “milium”, “pápula”, “comedón”, “mácula”, “pústula”, en su orden los grados de la enfermedad.
La venta: Siempre es un contrato entre el cliente y el servicio, mediado por el producto: -“Gracias, en realidad no me preocupa. Lo que me preocupa es que sea el resultado de algo que no esté bien”. –“Lo importante es que te veas saludable y que tu aspecto mejore”. El tono es importante, no en vano la secre es dulce, por ser un arte de la aplicación, la sensibilidad y el afecto debe expresarse con gestos suaves, un toque del brazo, una sonrisa, la voz como una seda.
El que no cae resbala en el mundo de la cosmética: viejos, niños y niñas, jóvenes, minorías, mayorías, docentes universitarios, perros, gatos y millones de mujeres.
Teoría de la superficie, la narrativa cosmética no vende ningún producto, vende “el auto reconocimiento” de las imperfecciones, que solo la mirada estética de la cosmetóloga puede proporcionar. En su frívola profundidad, descubre en la piel el escenario del show en el que toda mirada se refleja. La cosmetología es la narrativa de un espejo ineludible en el que los interlocutores son interpelados como vedettes, estado siempre preferible al de la vulgar humanidad.

Narrar el sexo


Las formas de narrar de mujeres y hombres, la intimidad sexual son diferentes. Para el hombre el sexo es entretenimiento y lo cuenta como si el mundo se acabara en el falo. Para la mujer el sexo es telenovela y lo cuenta por capítulos como si el sexo fuera el intermedio entre el cortejo romántico y la continuación del siguiente capítulo de su vida.


Una conversación con hombres y mujeres de entre 30 y 40 años en la que el tema fue “las diferencias entre el sexo para los hombres y las mujeres” desnudó estas diferencias.

Para las mujeres la narración comienza por “el pre”, las caricias previas. Curiosamente lo previo tiene su previo, el cortejo del galán que debe conducirles, suavemente, al siguiente capítulo: el sexo.


El sexo no se llama sexo, como en cualquier telenovela la censura está presente, así que se denomina: “proceso”, lo que tiene su lógica: no es la penetración, sino lo que hace, y eso incluye “lo que ocurre luego”. La penetración no se cuenta, no tiene chiste “por qué es obvio”, máximo una referencia al tamaño y el grosor, “es mi tipo de hombre me gusta el tamaño y el ancho” o quizá un pícaro: “que bueno que estuvo”.


Las mujeres, recuerdan a sus parejas por lo general a partir de “como les hizo sentir”, de su grado de romanticismo: los detalles, la dulzura, el cuidado, el trato, en este sentido la sexualidad no está en el capítulo de la cama, realmente la sexualidad es toda la telenovela.

Si el hombre se comporta al día siguiente luego de la cama en forma similar a la etapa “pre” la trama continúa, de lo contrario el justiciero, que le iba a salvar del mal de los hombres, se devela como lo que realmente era, un impostor, el maligno coleccionista de mujeres.


El romanticismo fija el personaje masculino en la memoria corporal femenina, adquiere fama y entra en el cuento como héroe.

Un recuerdo así acompaña, como cualquier buena telenovela, a la vida de la mujer, incluso cuando inicia otra telenovela, en el momento del proceso: “cuesta olvidarse del mancito” y la imagen romántica del héroe se superpone al placer sexual.


Para los hombres la sexualidad tiene otro formato que se ajusta más al entretenimiento: más del tipo de un programa de deporte extremo.

La experiencia se recuerda como un evento de mountain-bike, no solo importa el paisaje y la aventura sino también la bicicleta y lo que se hizo con ella. La mujer es como una bicicleta “de luxe” en la que el diseño, la calidad y la forma es el espectáculo que se recuerda: un montaje de las mejores imágenes en las que las emociones son más bien light. “Yo si la quería, tenía un…”-la frase se concentra con un movimiento de las manos que describe las caderas- “cuerpazo la man”.

En cuanto entretenimiento, lo importante es el momento de la acción, -“Chuta si era rico con ella”-, por esto la tendencia de los hombres a efectuar una elipse del pre, arribar directo en el proceso y saltarse el “lo que ocurre luego” que es un territorio diluido, al fin y al cabo luego de la aventura “toca descansar no”.


La valoración de la relación es consistente con el formato, debe venir luego de cumplido el reto, al final de la forma narrativa, además debe evitar la exposición emocional, que no sea la de los riesgos propios de un entretenimiento de riesgo: “si nos llevábamos bien, era plena”. Por ello la narración hace referencia al esfuerzo: “Si me costó muelas conquistarla, pero valió la pena”.

Conclusión


Para que resulte la narración sexual, debe tener, en las mujeres, el formato de telenovela en tiempos largos y varios capítulos: un pre (preámbulo), una elipse (la penetración se supone como dada y generalmente similar), un post (el comportamiento luego del acto) y un epílogo (el comportamiento al siguiente día). El epílogo puede asimilarse con el final feliz.
Las dos narrativas asumen discursos que suponen que existe un hombre y una mujer dados naturalmente.


Los hombres “solo piensan en sexo”, les interesa más la aventura, el entretenimiento y tiene mayor imaginación a nivel de fantasías sexuales, siempre hay que inventarse algo nuevo para no aburrirse. El entretenimiento exige un formato activo de constante intensidad: un acto-figura; la acción sexual sumada al diseño del cuerpo femenino; el lugar donde se efectuaba el acto, con el efecto adrenalina; el significado, la valoración de la relación que corresponde más bien al momento de relax luego de la práctica extrema.


Para la mujer las fantasías sexuales (tener relaciones con varios hombres al mismo tiempo, etc.) son restringidas y cuando se producen, se ven como acontecimientos en su cotidianidad. El formato narrativo femenino de la sexualidad se produce en tiempos largos, como parte de una historia. En contraposición para el hombre los tiempos son cortos y adquieren sentido en el montaje de imágenes fragmentarias que construyen una trama.

viernes 23 de abril de 2010

Retorno a La Escapada


Regresaste hace un par de semanas. Después de tanta ausencia pensé que tendríamos que adaptar nuestras vidas y nuestros cuerpos. Es extraño, no recuerdo el comienzo, parece que solo fluimos. Llegaste como la lluvia y te disolviste en mi cuerpo de agua, creo que simplemente nunca sabré la diferencia entre amarte, estar contigo y vivir.
Ahora estaba cerrando la puerta del garaje. El cielo se abría como una gigantesca boca que amenazaba con engullirnos.
Llegamos pisando al sol de los talones. Mediodía. Te veo los hombros, el sudor en el cuello. Buscamos un hotel de inmediato. El hambre nos aprieta las vísceras, hambre antropófaga, voracidad sexual, primaria. Debe ser el brillo de su piel -le digo-. O el calor que quiere mostrarte mi cuerpo, -dice ella- con malicia.
En una habitación del segundo piso. Me encanta, porcelanato, liso, frío. Paramos en el barandal, te atrapo con la cámara: Baja tu blusa déjame tomar uno de tus senos. Así, perfecto, con tu pelo cayendo sobre el hombro. Que bella eres, maldita. Presiono el obturador, encuadro al fondo el mar, dejo la cámara en automático y se dispara en el momento que te beso como si fueras el borde agridulce de un Margarita, apuro el trago y acaricio tus senos. Vamos adentro me dices y me llevas de la mano.
Ya no es extraña nuestra sexualidad, navegamos por nuestra piel y bajo ella por nuestras emociones. Un amor que seduce a la necesidad y desespera al deseo, amor insaciable que se alimenta de si mismo.

- Canela
- ¿Dime?
- ¿El ritual ya no es suficiente?
- No amor, necesito más, más de ti.
- ¿Estás preparada? Ya nunca seremos los mismos, tú lo sabes.
- Lo se, lo supe siempre. Soy tu muerte, la lápida y el féretro de tu vida. Los bordes se pierden, el principio es el final. Podremos morir ahora que somos ya una eternidad.
- Soy tu muerte, vida mía, la lápida y el féretro. Te encontré muerte mía para solo existir.
Sin nombres las cosas no existen. La voz de las palabras esenciales modifica la materia.
El rito de la transmutación.
- Dios –dijo ella- y los dos se convirtieron en un fino horizonte que se estremeció a si mismo envolviéndose hasta formar un hoyo negro y continuar con la aniquilación de sí mismos, como un deglutirse incesante, hasta desaparecer en el vacío burbujeante y aparecer infinitas veces como partículas, e infinitas veces desaparecer en un destello inconmensurable. Y de la nada dos partículas se encontraron una fracción imperceptible de tiempo, suficiente para chocar, permanecer y luego acumularse como energía hasta explotar y desplegarse como universo. Como su amor, a dios lo constituye el azar y lo mantiene la voluntad, una imponderable oscuridad apenas salpicada de galaxias.
- Pupila –pensó su espíritu- y las galaxias se condensaron con su luz ensordecedora hasta comprimirse en el iris de Canela que brillaba como Andrómeda y de allí como una lágrima se desprendió él. La gota fue creciendo y humedeció su cuerpo desnudo.
- Viento –gritó ella- mientras extendía los brazos su piel se desprendió suavemente, como papiro desgastado músculos, venas, tendones quedaron al descubierto, súbitamente cayeron al suelo resecos como hojas. Quedó su esqueleto que explotó en una polvareda blanca para transformarse en un cálido viento transparente.
- Ave –dijo él- extendiendo sus brazos. La piel de su cuerpo se tornó gravemente porosa y de cada orificio brotaban plumas lapislázuli, su pecho se hinchaba y sus piernas se transformaban en patas. El ave aleteó suavemente mientras el viento lo acariciaba llevándolo a través de la ventana hacia el borde del amanecer.
Ave y Viento se amaban en indescifrables giros dibujando arabescos sobre las montañas.


- Lubricación –pensó, riendo, el espíritu de Canela - y Ave regresó a la habitación arrastrada por el viento que pronto se condensaba en una nube formando hojas de tejido y nervios que sucesivamente se depositaban sobre la cama, se superponían y formaban una vagina húmeda y anhelante. Parecía que todo su cuerpo solo existía entre los pliegues de su deseo.
- Contracciones –pensó Ave- mientras su cuerpo se diluía en una leve brisa que ingresaba por la vagina de Canela y luego se encarnaba en la plataforma orgásmica: el clítoris, el capuchón y los labios menores tocándola como si a ella le acariciara su propia piel. Él sintió como la tensión muscular en la pelvis y la plataforma crecía para regarse las contracciones en todo su cuerpo. Se expandió por ella como una ola rítmica y vibrante que finalizó en su nuca y se evaporó en su cerebro.
Muerte –dijo ella- y vio miedo en los ojos de Ave. Sonrió mientras, acariciaba la tez de Ave cubierta con una brisa de barba. Muerte –dijo de nuevo-. Y el confió y río a carcajadas.

La piel de ella comenzó a agrietarse, los fluidos de su cuerpo se regaron por el borde de las sábanas, moría suavemente.
- Gusanos –dijo él- y su cuerpo se fragmentó en pequeños pedazos de sí mismo que luego se envolvieron para formar jugosos gusanos que devoraban el cuerpo de Canela.
Los gusanos devoraban a Canela con voracidad inusitada, ella sentía su cuerpo segmentarse y pertenecer a cientos de gusanos, a cientos de él que se multiplicaban en cada aparato digestivo. Ella era para él, su alimento y su existencia.
- Amor –pensó su espíritu- y su pensamiento se repitió al unísono por cientos de gusanos que se juntaban lentamente.
- Amor –pensó el espíritu de ella- y los vientres de los gusanos se abrieron mientras su alimento rodaba para juntarse y formar una silueta.
Pronto sus cuerpos se completaron formando un abrazo de piernas y brazos que los envolvía como una crisálida.

jueves 8 de abril de 2010

Adentro y afuera


Pongo los pies para adentro.
Pongo los pies para afuera.
Suena la secadora, chifla la tetera.
Camino en tu cintura, con mis manos certeras.
Pongo los pies bien juntitos
Y salto como tijera.
Bailo con tus sueños, acaricio tu cabellera.
Retiro mis labios de tu risa marrullera.
Recuerdo a mi abuelita, recuerdo el sonajero.
Pongo los brazos adentro.
Pongo los brazos afuera.
Te abrazo bajo la sábana.
Me encuentro con tu pancita.
Gira la noche como un cielo alocado.
Miro tu voz brillar como un lucero.
Pongo los brazos juntitos.
Los muevo como tijera.
Me envuelves con tus piernas.
Hacia adentro y hacia fuera.
Te quiero Canelita, con la vida en mi chistera.

jueves 25 de marzo de 2010

La petición



Luna, lunita, lunera cascabelera.
Noche sin fin bajo un farol casero.
Este oficio no me gusta matantirun tirun la.
Acarreo, acarreo, guardo y aporreo al cansancio certero.
Que desea mi señoría matantirun tirun la.
A una de sus hijitas matantirun tirun la.
Es Canela la bonita matantirun tirun la.
Arbolito de naranja peinecito de marfil.
Doña Angelita deme su permiso para quererla para siempre.
Buenas noches su señoría matantirun tirun la.
Noche tejida, noche de telaraña que nos cae pegajosa.
Prefiero bailar sobre la estera de tu voz.
Ahí viene, sinuosa y coqueta.
La serpiente de tierra caliente.
Qué cuando se ríe se le ven los dientes.
Si, viene la ironía como un elefante que se balanceaba.
Este oficio si me gusta matantirun tirun la.
Prefiero bailar sobre tus pies de Canela.
Sobre la palanqueta en la alacena.
Bajo la luna cascabelera.
Pues hagamos la fiesta entera con la niña en la mitad.
A la niña más hermosa.
De la casa en la Floresta matantirun tirun la.