jueves 21 de mayo de 2009

La fiesta



Los panderos se agitan, música lejana, música que nos gusta. Ella mueve sus caderas divertida, es su baile, es su fiesta, su momento especial para sembrar y dejarlo crecer para que sostenga las angustias de su futuro. Es su momento especial y se lo da él.

Si las hormonas circularan así toda su vida, no podría vivir, la intensidad la consumiría. Ella está consciente, los dos lo están: formar hábitos que condicionen su cerebro, especializar las neuronas, provocar cánones mentales que los cubran como cultura, como forma de vida interior recubierta de piel.
Hace una semana, después de varios meses viviendo juntos, han tomado la decisión, tendrían en bebé antes de lo planeado.
Un bebé, un bebé, un bebé. En mi vientre, en mi sangre, algo de ese hombre que amo. Todo valió la pena.
Existir es transcurrir.
El me mira, constantemente, con su mirada de niño inseguro y su coraza de hombre maduro. Me mira con amor, con dulzura, con pasión como un masmelo derretido en el fuego, um, tengo ganas de morderlo. ¿Qué dijo mi tía, no la escuché? No importa, me separo diciéndole gracias por no se qué y me lanzo a sus brazos.
Por Dios como te necesitaba me dice. Yo le contesto que ya lo sabía que por eso vine. Subo las piernas abrazado de su cuello y riéndome mientras, el me aprieta la cintura y me besa. Qué delicioso beso, con sabor a cheto, con sabor a miel y mantequilla con sabor a desayuno y fiesta. Te amo le digo y por unas centésimas de segundo necesito llorar, y si, lloro con cientos de risas que brotan como lágrimas.
La fiesta sigue, la gente persigue nuestras miradas, me siento en una cacería y yo soy la maldita presa. Miren, que bella está que hermosa es.
Eso, me quieren desplumar.
¿Con quien estoy hablando? Bueno es un tío de ella creo, tendrá nombre supongo, pero no lo se.
Y ella está tan feliz, como me gusta eso vaya. De alguna manera me siento maravillosamente solo, en un agreste paisaje desierto, con música western acompañando mi cabalgata. Esto es lo que siento es lo que siempre quise, poseer la sensación de que al ocaso llegaré al pueblo y estará ella, de que la soledad es un encuentro con mi deseo de vivir, en medio de la gente, en el vacío del desierto, no importa, la tengo a ella, ya la soledad es un estado de placer, no de angustia. El tío me dice algo, no se qué decir demonios, por eso estoy pensando pendejadas.
La extraño, ya estuvo bien de vaqueros solitarios, ya llegué el pueblo amor, estoy amarrando el maldito caballo, ven, ¿quieres?, ven un poquito, porfa.
Miro a este extravagante pariente, alhaja el hombre pero no se de qué hablar… Me gustó Batman, el Guasón estuvo perfecto… Tengo muchas ganas en este mismo momento de escuchar música del western.
Quiero bailar con ella, con la mujer que me provoca esta sensación de universo, de totalidad. Mejor no digo nada al tío alhaja, pero ¡espera una respuesta a una pregunta que nunca escuché!, seguía pensando cosas fundamentales… ¡Y llegas como un micro tsunami!, te lanzas a mi cuello y me haces tambalear, rayos, que emoción, salvado, ahora estoy feliz: ¿como hacer para sentir menos y no tener la sensación de que exploto?, por unos milisegundos tengo ganas de llorar, pero ni modo el papelón público, que va. Te amo le digo y lo digo con la piel mientras siento por primera vez su cintura en mis manos. Con ella siempre todo es un principio, una primera vez para vivir.
La noche se deslíe sobre la gente dibujando vitrales con los rostros y cuerpos deformados por la fiesta. El alcohol se prende de las retinas, mi exagerada sobriedad me abraza burlona. Prohibido tomar me dijo ella, mi bella ella, la que dejó su nombre por mi, la que ahora se llama Canela por la llama de su piel. Te quiero listo para mí, esta es mi noche. Como si no fuera la mía, pensaba con el deseo coqueto de un pintalabios en mi boca.
Y sigo lejos, en la dimensión desconocida, en medio de una realidad que no es mía, ahora vivo en el planeta ella, y estoy bien.
Recuerdo que pensaba que me gustaría darle una sorpresa, aparecerme de pronto con el vestido, mi cabello planchado, maquillaje y las sandalias de taco que tanto le gusta, tenía otro par de repuesto para evitar el dolor en mi espalda.
Las cosas, para variar, no salieron como quería, con los apuros, la presión de mis padres y toda la locura, tuve que vestirme en la casa.
¡Fue maravilloso! Le decía que se apure vistiendo, pero no dejó de mirarme, como si jamás me hubiera visto. Reía, y en algún momento se le escapó una lágrima, cuando terminé, lo volvió a hacer, mirarme como si fuera una bella desconocida que le proponía acostarse. No logré darle una sorpresa con mi atuendo, le di varias, y aprendí que nuestra vida va a ser así, que quiero que sea así, un constante descubrir al otro.