viernes 23 de abril de 2010

Retorno a La Escapada


Regresaste hace un par de semanas. Después de tanta ausencia pensé que tendríamos que adaptar nuestras vidas y nuestros cuerpos. Es extraño, no recuerdo el comienzo, parece que solo fluimos. Llegaste como la lluvia y te disolviste en mi cuerpo de agua, creo que simplemente nunca sabré la diferencia entre amarte, estar contigo y vivir.
Ahora estaba cerrando la puerta del garaje. El cielo se abría como una gigantesca boca que amenazaba con engullirnos.
Llegamos pisando al sol de los talones. Mediodía. Te veo los hombros, el sudor en el cuello. Buscamos un hotel de inmediato. El hambre nos aprieta las vísceras, hambre antropófaga, voracidad sexual, primaria. Debe ser el brillo de su piel -le digo-. O el calor que quiere mostrarte mi cuerpo, -dice ella- con malicia.
En una habitación del segundo piso. Me encanta, porcelanato, liso, frío. Paramos en el barandal, te atrapo con la cámara: Baja tu blusa déjame tomar uno de tus senos. Así, perfecto, con tu pelo cayendo sobre el hombro. Que bella eres, maldita. Presiono el obturador, encuadro al fondo el mar, dejo la cámara en automático y se dispara en el momento que te beso como si fueras el borde agridulce de un Margarita, apuro el trago y acaricio tus senos. Vamos adentro me dices y me llevas de la mano.
Ya no es extraña nuestra sexualidad, navegamos por nuestra piel y bajo ella por nuestras emociones. Un amor que seduce a la necesidad y desespera al deseo, amor insaciable que se alimenta de si mismo.

- Canela
- ¿Dime?
- ¿El ritual ya no es suficiente?
- No amor, necesito más, más de ti.
- ¿Estás preparada? Ya nunca seremos los mismos, tú lo sabes.
- Lo se, lo supe siempre. Soy tu muerte, la lápida y el féretro de tu vida. Los bordes se pierden, el principio es el final. Podremos morir ahora que somos ya una eternidad.
- Soy tu muerte, vida mía, la lápida y el féretro. Te encontré muerte mía para solo existir.
Sin nombres las cosas no existen. La voz de las palabras esenciales modifica la materia.
El rito de la transmutación.
- Dios –dijo ella- y los dos se convirtieron en un fino horizonte que se estremeció a si mismo envolviéndose hasta formar un hoyo negro y continuar con la aniquilación de sí mismos, como un deglutirse incesante, hasta desaparecer en el vacío burbujeante y aparecer infinitas veces como partículas, e infinitas veces desaparecer en un destello inconmensurable. Y de la nada dos partículas se encontraron una fracción imperceptible de tiempo, suficiente para chocar, permanecer y luego acumularse como energía hasta explotar y desplegarse como universo. Como su amor, a dios lo constituye el azar y lo mantiene la voluntad, una imponderable oscuridad apenas salpicada de galaxias.
- Pupila –pensó su espíritu- y las galaxias se condensaron con su luz ensordecedora hasta comprimirse en el iris de Canela que brillaba como Andrómeda y de allí como una lágrima se desprendió él. La gota fue creciendo y humedeció su cuerpo desnudo.
- Viento –gritó ella- mientras extendía los brazos su piel se desprendió suavemente, como papiro desgastado músculos, venas, tendones quedaron al descubierto, súbitamente cayeron al suelo resecos como hojas. Quedó su esqueleto que explotó en una polvareda blanca para transformarse en un cálido viento transparente.
- Ave –dijo él- extendiendo sus brazos. La piel de su cuerpo se tornó gravemente porosa y de cada orificio brotaban plumas lapislázuli, su pecho se hinchaba y sus piernas se transformaban en patas. El ave aleteó suavemente mientras el viento lo acariciaba llevándolo a través de la ventana hacia el borde del amanecer.
Ave y Viento se amaban en indescifrables giros dibujando arabescos sobre las montañas.


- Lubricación –pensó, riendo, el espíritu de Canela - y Ave regresó a la habitación arrastrada por el viento que pronto se condensaba en una nube formando hojas de tejido y nervios que sucesivamente se depositaban sobre la cama, se superponían y formaban una vagina húmeda y anhelante. Parecía que todo su cuerpo solo existía entre los pliegues de su deseo.
- Contracciones –pensó Ave- mientras su cuerpo se diluía en una leve brisa que ingresaba por la vagina de Canela y luego se encarnaba en la plataforma orgásmica: el clítoris, el capuchón y los labios menores tocándola como si a ella le acariciara su propia piel. Él sintió como la tensión muscular en la pelvis y la plataforma crecía para regarse las contracciones en todo su cuerpo. Se expandió por ella como una ola rítmica y vibrante que finalizó en su nuca y se evaporó en su cerebro.
Muerte –dijo ella- y vio miedo en los ojos de Ave. Sonrió mientras, acariciaba la tez de Ave cubierta con una brisa de barba. Muerte –dijo de nuevo-. Y el confió y río a carcajadas.

La piel de ella comenzó a agrietarse, los fluidos de su cuerpo se regaron por el borde de las sábanas, moría suavemente.
- Gusanos –dijo él- y su cuerpo se fragmentó en pequeños pedazos de sí mismo que luego se envolvieron para formar jugosos gusanos que devoraban el cuerpo de Canela.
Los gusanos devoraban a Canela con voracidad inusitada, ella sentía su cuerpo segmentarse y pertenecer a cientos de gusanos, a cientos de él que se multiplicaban en cada aparato digestivo. Ella era para él, su alimento y su existencia.
- Amor –pensó su espíritu- y su pensamiento se repitió al unísono por cientos de gusanos que se juntaban lentamente.
- Amor –pensó el espíritu de ella- y los vientres de los gusanos se abrieron mientras su alimento rodaba para juntarse y formar una silueta.
Pronto sus cuerpos se completaron formando un abrazo de piernas y brazos que los envolvía como una crisálida.