sábado 28 de agosto de 2010

Narrar el sexo


Las formas de narrar de mujeres y hombres, la intimidad sexual son diferentes. Para el hombre el sexo es entretenimiento y lo cuenta como si el mundo se acabara en el falo. Para la mujer el sexo es telenovela y lo cuenta por capítulos como si el sexo fuera el intermedio entre el cortejo romántico y la continuación del siguiente capítulo de su vida.


Una conversación con hombres y mujeres de entre 30 y 40 años en la que el tema fue “las diferencias entre el sexo para los hombres y las mujeres” desnudó estas diferencias.

Para las mujeres la narración comienza por “el pre”, las caricias previas. Curiosamente lo previo tiene su previo, el cortejo del galán que debe conducirles, suavemente, al siguiente capítulo: el sexo.


El sexo no se llama sexo, como en cualquier telenovela la censura está presente, así que se denomina: “proceso”, lo que tiene su lógica: no es la penetración, sino lo que hace, y eso incluye “lo que ocurre luego”. La penetración no se cuenta, no tiene chiste “por qué es obvio”, máximo una referencia al tamaño y el grosor, “es mi tipo de hombre me gusta el tamaño y el ancho” o quizá un pícaro: “que bueno que estuvo”.


Las mujeres, recuerdan a sus parejas por lo general a partir de “como les hizo sentir”, de su grado de romanticismo: los detalles, la dulzura, el cuidado, el trato, en este sentido la sexualidad no está en el capítulo de la cama, realmente la sexualidad es toda la telenovela.

Si el hombre se comporta al día siguiente luego de la cama en forma similar a la etapa “pre” la trama continúa, de lo contrario el justiciero, que le iba a salvar del mal de los hombres, se devela como lo que realmente era, un impostor, el maligno coleccionista de mujeres.


El romanticismo fija el personaje masculino en la memoria corporal femenina, adquiere fama y entra en el cuento como héroe.

Un recuerdo así acompaña, como cualquier buena telenovela, a la vida de la mujer, incluso cuando inicia otra telenovela, en el momento del proceso: “cuesta olvidarse del mancito” y la imagen romántica del héroe se superpone al placer sexual.


Para los hombres la sexualidad tiene otro formato que se ajusta más al entretenimiento: más del tipo de un programa de deporte extremo.

La experiencia se recuerda como un evento de mountain-bike, no solo importa el paisaje y la aventura sino también la bicicleta y lo que se hizo con ella. La mujer es como una bicicleta “de luxe” en la que el diseño, la calidad y la forma es el espectáculo que se recuerda: un montaje de las mejores imágenes en las que las emociones son más bien light. “Yo si la quería, tenía un…”-la frase se concentra con un movimiento de las manos que describe las caderas- “cuerpazo la man”.

En cuanto entretenimiento, lo importante es el momento de la acción, -“Chuta si era rico con ella”-, por esto la tendencia de los hombres a efectuar una elipse del pre, arribar directo en el proceso y saltarse el “lo que ocurre luego” que es un territorio diluido, al fin y al cabo luego de la aventura “toca descansar no”.


La valoración de la relación es consistente con el formato, debe venir luego de cumplido el reto, al final de la forma narrativa, además debe evitar la exposición emocional, que no sea la de los riesgos propios de un entretenimiento de riesgo: “si nos llevábamos bien, era plena”. Por ello la narración hace referencia al esfuerzo: “Si me costó muelas conquistarla, pero valió la pena”.

Conclusión


Para que resulte la narración sexual, debe tener, en las mujeres, el formato de telenovela en tiempos largos y varios capítulos: un pre (preámbulo), una elipse (la penetración se supone como dada y generalmente similar), un post (el comportamiento luego del acto) y un epílogo (el comportamiento al siguiente día). El epílogo puede asimilarse con el final feliz.
Las dos narrativas asumen discursos que suponen que existe un hombre y una mujer dados naturalmente.


Los hombres “solo piensan en sexo”, les interesa más la aventura, el entretenimiento y tiene mayor imaginación a nivel de fantasías sexuales, siempre hay que inventarse algo nuevo para no aburrirse. El entretenimiento exige un formato activo de constante intensidad: un acto-figura; la acción sexual sumada al diseño del cuerpo femenino; el lugar donde se efectuaba el acto, con el efecto adrenalina; el significado, la valoración de la relación que corresponde más bien al momento de relax luego de la práctica extrema.


Para la mujer las fantasías sexuales (tener relaciones con varios hombres al mismo tiempo, etc.) son restringidas y cuando se producen, se ven como acontecimientos en su cotidianidad. El formato narrativo femenino de la sexualidad se produce en tiempos largos, como parte de una historia. En contraposición para el hombre los tiempos son cortos y adquieren sentido en el montaje de imágenes fragmentarias que construyen una trama.